La traducción del Libro de Mormón

José Smith fue llamado por Dios para traducir las planchas de oro, lo que resultó en El Libro de Mormón. La idea de que un muchacho granjero de Nueva York con muy limitada educación tradujera un documento antiguo es tan inimaginable que solamente pudo ocurrir, como José mismo lo declaró: “por el don y el poder de Dios.” Ya que José no nos dijo nada más sobre la forma en que se efectuó la traducción, los lectores y pensadores modernos se preguntan y especulan al respecto. Cuando examinamos el proceso de la traducción con nuestra perspectiva moderna, a menudo tenemos más preguntas que respuestas. ¿Cuál fue el método de la traducción, y por qué sucedió en la forma en que se hizo?

 

            En un año desconocido posterior al 400 DC, el profeta Moroni enterró las planchas de oro. Lo que Mormón había comenzado, Moroni lo terminó y lo confió al cuidado del Señor en el cerro de Cumorah. Aunque el registro estaba a salvo, aún había un problema crucial. Luego cuando Moroni murió, se fue la última persona que podía leer lo que estaba escrito en esas planchas. Moroni mismo había dicho: “ningún otro pueblo conoce nuestra lengua.” [i] Lo que era verdad cuando Moroni murió era aún más verdad cuando José recibió las planchas más de mil cuatrocientos años después. Nadie había conocido el lenguaje de las planchas en cerca de un milenio y medio. Se necesitaría un milagro para traducir el texto de las planchas.

 

            Realmente, se necesitarían dos milagros. No solamente debía leerse un texto ilegible, sino que debía hacerlo un joven que, de acuerdo a lo que dijo su esposa, apenas podía escribir una carta de forma coherente. [ii] El Señor declaró:  “por tanto, llamo a lo débil del mundo, a aquellos que son indoctos y despreciados, para trillar a las naciones por el poder de mi Espíritu.” [iii]  Antes de que pudiera ocurrir el milagro de la traducción, el Señor tenía que transformar milagrosamente a un joven, indocto y despreciado débil del mundo, en un profeta de Dios.

 

LA FE PARA TRADUCIR Y UNA ROCA LLAMADA UNA PIEDRA VIDENTE

 

            José no pudo aprender a leer el texto de las planchas; porque no había un diccionario nefita disponible. Lo que Dios usó para efectuar la transformación fue otra cosa débil. Dios usó las creencias populares de la población rural, que durante milenios fueron parte de la forma en que se entendió el mundo. Aún en la época de José los instruidos ya las habían desechado, pero en la comunidad en donde vivía José, esas creencias populares estaban vivas y bien.

 

            Para la familia Smith y otras familias rurales, el mundo sobrenatural era muy real.  A veces y para cosas específicas, la religión cristiana se acercaba y le rogaba al mundo espiritual. En otras ocasiones y por otros propósitos,  podían visitarlo más directamente y manipularlo las personas con talentos particulares. Cada método tenía su lugar, y ayudaba a sus creyentes a sobrellevar  sus difíciles circunstancias. Los domingos en las iglesias, la religión cristiana salvaba el alma. Los otros días de la semana, las prácticas populares cristianas tradicionales, a las que algunos han etiquetado como magia, sanaban al enfermo, encontraban lo perdido, y producían las cosechas.

 

            Una de las profesiones de esta magia cristiana, o la creencia popular cristiana, era la de   vidente, cuyo talento era ver algo escondido. Los videntes en la época de José, típicamente usaban piedras de formas poco comunes a las que llamaban piedras videntes, que solamente eran los instrumentos más recientes que un vidente usaría para ver objetos escondidos, significados ocultos, y futuros escondidos. En contraste, en el Antiguo Testamento, la historia de José en Egipto describe la estratagema que usó José para mantener cerca a su hermano Benjamín. José hizo que sus siervos escondieran dinero en los costales de sus hermanos, y una copa en el de Benjamín. No era una copa ordinaria. En Génesis 44: 5 dice: “¿No es ésta la copa en la que bebe mi señor y por la que suele adivinar?” En la época y el lugar de este relato, los videntes verían sus visiones al verter aceite y agua en una vasija o una copa. Cuando José puso esta copa especial en el costal de Benjamín, no era tan sólo una pieza de vajilla. Era un objeto religioso muy importante. [iv]

 

            Para cuando los videntes en Inglaterra empezaron a aparecer en los registros (entre los siglos 17 y 19), las funciones en las cuales aplicaban sus talentos habían evolucionado hacia dos formas generales: ver el futuro escondido, ver en donde se encontraban las cosas perdidas, o ver la identidad del ladrón que robaba cosas. [v] La región de Nueva Inglaterra, del relativamente nuevo Estados Unidos de la época de José Smith, heredó esas tradiciones inglesas. Había videntes en Palmyra y usaban piedras videntes para encontrar cosas ocultas o perdidas, así como lo habían hecho otros en Inglaterra. En la Palmyra de José Smith, esta especialidad antigua no solamente había sobrevivido sino que se practicaba muy ampliamente allí y en las comunidades vecinas que también habían perpetuado estas habilidades antiguas. José solamente era uno de los varios videntes en esa región. [vi] Como vidente local, se le consultaba para encontrar cosas perdidas o para que viera el futuro. [vii]

 

            La ciencia moderna no tiene buenas explicaciones del por qué existieron dichas prácticas durante tanto tiempo. Tampoco tiene una buena explicación para lo que los videntes vieron cuando tuvieron éxito. El tema importante para la traducción del Libro de Mormón no es la efectividad con la que se veía en la piedra. Lo que es importante es que José creyó que él podía ver cosas que otros no veían y hubo otras personas que creyeron que José tenía ese talento particular. Fue esa creencia de José, que podía ver lo que otros no, la que usó el Señor como punto de apoyo para cambiar al vidente de pueblo en un traductor y luego en un profeta de Dios. [viii]

 

            El significado de lo que estaba escrito en las planchas ciertamente estaba escondido y perdido. José no pudo traducir de la forma en que lo hacían los estudiosos. Sin embargo, con la ayuda de Dios, lo haría usando el instrumento y los métodos que había usado antes y con los que tuvo éxito. En esta ocasión él no estaba hallando un objeto perdido, sino más bien un significado perdido.  No obstante, el instrumento no era el traductor, sino el poder de Dios. José nunca dijo haber usado otro método para traducir, sino que sucedió por “el don y el poder de Dios.” [ix]

            La fe de José en ese proceso, lo llevó a usar la piedra vidente para recibir revelaciones en los primeros años de la Iglesia. Sin embargo, a medida que José creció en su llamamiento como profeta, comprendió que él era, no la piedra, el verdadero instrumento de revelación. Dejó de usarla. No obstante, las descripciones de José al recibir revelación muestran suficientes paralelismos con las descripciones de cómo tradujo que podemos estar seguros que siempre fue José quien recibió la revelación; la piedra vidente simplemente fue la base que usó el Señor para apoyar la naciente fe de José en su llamamiento. [x]

 

            La experiencia de José al ver en una piedra, sin importar como haya sucedido, fue el disparador que usó el Señor para establecer la fe de José de que con la ayuda del Señor él podría ver la traducción que estaba oculta en los caracteres ilegibles en las planchas. Fue un método que ya antes había usado el Señor cuando se le pidió a Mosíah que tradujera las planchas de Eter:

 

Por tanto, tomó los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce, y también las planchas de Nefi, y todas las cosas que él había guardado y conservado de acuerdo con los mandamientos de Dios, después de traducir y hacer que se escribiera la historia que estaba sobre las planchas de oro que el pueblo de Limhi había encontrado, las cuales le fueron entregadas por mano de Limhi;

            y esto lo hizo por motivo del gran anhelo de su pueblo; porque estaban deseosos en extremo de saber acerca de aquel pueblo que había sido destruído.

            Y las tradujo por medio de aquellas dos piedras que estaban colocadas en los dos aros de un arco.

            Ahora bien, estas cosas fueron preparadas desde el principio, y se transmitieron de generación en generación con objeto de interpretar idiomas;

            y la mano del Señor las ha preservado y guardado, para que él pudiera manifestar, a toda criatura que ocupase la tierra, las iniquidades y abominaciones de su pueblo;

            y el que tiene estos objetos es llamado vidente, según la costumbre de los días antiguos. [xi]

 

LAS PLANCHAS Y EL PROCESO DE TRADUCCIÓN

 

            Las descripciones de la forma en que José usó la piedra vidente antes del Libro de Mormón, lo muestran colocando la piedra en la copa de su sombrero y llevando el sombrero hacia su cara para obscurecer su vista. Todos los métodos de ver con objetos requerían alguna forma de que la vista normal se cubriera. Quizás eso le permitió al vidente, y a quienes lo veían trabajar, saber que lo que se estaba viendo era diferente a la vista normal.

 

            Colocar la piedra en el sombrero pudo haber dificultado el ver las planchas y efectuar la traducción. Es probable que las planchas no estuvieran visibles durante mucho del proceso de la traducción. Entonces, ¿cuál era el propósito de las planchas si no se iban a usar? En realidad, si se usaron, pero quizás no en la forma en que pensamos que deberían usarse. Desde el principio, la presencia física de las planchas declararon la realidad de la revelación angelical. Moroni nunca fue un sueño. Las planchas que Moroni le entregó a José eran reales, y esa realidad tangible hizo que la fe de José se profundizara y se desarrollara. Las planchas físicas llegaron a ser importantes otra vez cuando se seleccionaron testigos a quienes se les permitió verlas y tocarlas. En ellas había texto y quienes las vieron pudieron ver los grabados en ellas. Las planchas fueron la base para la fe de los primeros creyentes en la misión de José. El ver las planchas y los caracteres que tenían les mostró a los testigos que había información en las planchas. Lo que no pudieron hacer fue leer lo escrito. José no pudo leer por sí mismo ese texto. Nadie podía leer el texto. Solamente por medio del don y el poder de Dios se conocería la traducción. Sin importar cuantas veces José viera esos caracteres, la traducción vendría por medio de Dios y no por los grabados. Se necesitaron las planchas para saber que había algo que debía ser traducido; pero no para traducir por medio del don y el poder de Dios.

 

DOS PIEDRAS: UNA PIEDRA VIDENTE Y EL URIM Y TUMIM

 

            El don y el poder de Dios llegaron a José como el traductor, no a una piedra; ya fuera que viniera de los nefitas o (como una de las piedras de José) al hacer un pozo para un vecino. Durante mucha de la historia temprana de la Iglesia, las dos piedras que acompañaban a las planchas eran llamadas intérpretes. Cerca de la fecha de publicación del Libro de los Mandamientos en el año 1833, W. W. Phelps empezó a usar el término bíblico Urim y Tumim para describir tanto a los intérpretes como a la piedra vidente de José. Esa fue una referencia conveniente que prestó un mayor sentido sofisticado a la traducción. Los cristianos sabían del Urim y Tumim de la Biblia, pues estaban conectados al sumo sacerdote y a recibir revelación. [xii] Especialmente para los nuevos conversos, esa era una referencia más conocida que la de las piedras videntes, y pronto llegó a ser la forma de referirse al proceso por medio del cual se efectuó la traducción aunque,  técnicamente, el término era inexacto.

 

            El término Urim y Tumim se insertó posteriormente en las secciones de Doctrina y Convenios. Por ejemplo, en la versión actual se lee en D y C 10: 1: “He aquí, te digo que por haber entregado en manos de un hombre inicuo esos escritos para lo cual se te dio el poder de traducirlos por medio del Urim y Tumim, ahora los has perdido.”  En la edición del Libro de los Mandamientos del año 1833, ese mismo pasaje dice: “He aquí, te digo que por haber entregado

en manos de un hombre inicuo esos escritos que tuviste el poder de traducir, ahora los has perdido.” [xiii] La adición de la información sobre el Urim y Tumim está en la edición del año 1835 de la Doctrina y Convenios, y para esa fecha ese significado ya estaba firmemente arraigado. [xiv]

 

            Aunque el uso de Urim y Tumim prevalece ahora entre los miembros de la Iglesia, no es la designación correcta para los instrumentos usados en la traducción del Libro de Mormón.  Los intérpretes nefitas se usaron durante poco tiempo. Para gran parte de la traducción, José utilizó una de las piedras videntes que había usado antes de su llamamiento para recibir las planchas de oro.

 

¿POR QUÉ LOS ARTISTAS NO LO REPRESENTAN BIEN?

 

            Cuando Mosíah tradujo, usó “dos piedras que estaban colocadas en los dos aros de un arco.” [xv] Esa descripción concuerda con las dos piedras que le fueron dadas a José junto con las planchas. William, el hermano de José, dijo:

 

[Estaban] puestas en dos aros de un arco. . . . Un arco de plata rodeaba una piedra y pasaba por debajo de la otra, por arriba de esa y bajo la primera en la forma de un número 8 horizontal, muy semejantes a un par de gafas. Eran demasiado grandes para José y solamente podía ver por una a la vez usando una y a veces la otra. Al poner su cara en un sombrero o algún otro objeto obscuro no era necesario cerrar un ojo mientras veía por la piedra con el otro. De esa forma, cuando sus ojos se cansaban los aliviaba del esfuerzo. [xvi]

           

            Cuando los artistas representan la traducción del Libro de Mormón, no se parece a la descripción de William Smith de que José colocaba los intérpretes, o la piedra vidente, en un sombrero y lo sostenía cerca de su cara para bloquear la luz. El más conocido es un retrato de José en el que está viendo las planchas mientra dictaba; y otros lo muestran moviendo su dedo sobre las letras. ¿Por qué los artistas lo representan tan erróneamente?

 

            Hay muy poco misterio en su arte. Simplemente siguieron una muy larga tradición de imaginar o interpretar el proceso de la traducción. Tan pronto como el año 1836, Truman Coe, que era un ministro presbiteriano que vivía entre los Santos en Kirtland, Ohio, [xvii] hizo el relato de la traducción tal como lo entendió: “La forma de traducir fue tan maravillosa como el descubrimiento. Ponía su dedo en uno de los caracteres e imploraba la ayuda divina, y luego viendo por el Urim y Tumim, veía la traducción, en un inglés claro, proyectada en una pantalla  frente a él. Después de dictárselo al escriba, otra vez hacía lo mismo para obtener el significado del siguiente grabado, y así continuó hasta que llegó a la parte de las planchas que estaban selladas.” [xviii]

 

            Coe no presenció la traducción, así que debió haber oído este relato de los Santos en Kirtland, que en el año 1836 constituían una colonia bastante grande. Aunque ciertamente Coe no aceptó el relato por su valor literal, parece ser que lo reportó sin sarcasmo o distorsión.  Suponiendo que eso representa lo que entendían los Santos en Kirtland—o al menos el informante de Coe—nos da un retrato de la traducción que ha perdurado cuando menos desde el año 1836 hasta la actualidad. Los artistas SUD que muestran el dedo de José en las planchas, simplemente están siguiendo un relato sobre la traducción que los Santos estaban diciendo desde el año 1836.

 

            Los historiadores modernos tienen acceso a varios documentos que les dan información acerca del mecanismo que produjo la traducción. La mayoría de los Santos en Kirtland no tuvieron esos documentos. Tenían solamente la comunicación verbal, y esa comunicación transformó lo menos conocido en lo más común. Para el año 1836 el mundo de los videntes comunitarios  se estaba desvaneciendo, y muchos de los nuevos conversos venían de otras ciudades en donde no se conocían esas tradiciones. Cuando hablaban del relato de la traducción, lo hacían en términos que pudieran entender y el mover el dedo por las planchas les parecía obvio. La tradición oral se convirtió en la explicación normal, no para disfrazar intencionalmente  lo que en realidad había sucedido, sino porque simplemente ese fue el proceso humano natural   de crear su propia historia comunitaria. [xix] Este proceso humano natural repite los rumores junto con relatos de testigos oculares, y con frecuencia adapta los relatos para hacerlos mas comprensibles para la comunidad actual. [xx] Con el paso del tiempo, esos relatos se estructuraron en historia oficial. El proceso que llevó a las representaciones artísticas solamente es el resultado de una manera diferente de comprensión histórica, que se desarrolló de forma distinta a la manera en que los historiadores modernos ven los tiempos antiguos. [xxi]

 

            Vivimos en la época del historiador moderno, y estamos más interesados en percibir lo que consideramos que es un retrato exacto del pasado. Esos intereses históricos se manifiestan en la descripción reciente de la traducción del Libro de Mormón que se encuentra en la red oficial de la Iglesia:

 

Los escribientes de José Smith y él escribieron acerca de dos instrumentos que utilizaron en la la traducción del Libro de Mormón. Según los testigos de la traducción, cuando José miraba por los instrumentos, las palabras de las Escrituras aparecían en inglés. Un instrumento, que en el Libro de Mormón se menciona como los “intérpretes,” es más conocido por los Santos de los Últimos Días de la actualidad como el “Urim y Tumim.” José encontró los “intérpretes” enterrados en el cerro junto con las planchas, Las personas que vieron los “íntérpretes” los describen como un par de piedras transparentes unidos por un borde metálico. En el Libro de Mormón se hace referencia a este instrumento, junto con su pectoral, como algo que “la mano del Señor. . . . ha preservado y guardado” y que “se transmitieron de generación en generación con objeto de interpretar idiomas.”

            El otro instrumento que José Smith descubrió enterrado en el suelo años antes de recibir las planchas de oro, era una pequeña piedra ovalada o “piedra vidente.” Cuando era joven, durante la década de 1820, José Smith, al igual que otras personas de la época, utilizó una piedra vidente para buscar objetos perdidos y tesoros enterrados. Cuando José comprendió su llamamiento profético, se dio cuenta de que podía usar esa piedra para un fin más elevado: traducir Escrituras. [xxii]         

 

¿POR QUÉ SE HAN HECHO CAMBIOS EN EL TEXTO?

 

            Posiblemente la declaración de José Smith que más se ha malentendido es que el Libro de Mormón es “el más correcto de todos los libros.” Él dijo eso, pero se ha mal interpretado al pensar que José Smith creía que el Libro de Mormón no tenía errores. Cuando nos enteramos de que ha habido cambios del texto dictado originalmente, [xxiii] quienes piensan que no debería tener errores señalan esa aparente contradicción.

 

            Ayuda saber qué es lo que José quiso decir con la frase “el libro más correcto.” La cita más completa dice: “Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro.” [xxiv] Para José, la exactitud del libro estaba en los preceptos que enseña, no en la infalibilidad absoluta de las palabras en la página. Sabemos que José no consideraba que las palabras puestas fueran perfectas, porque él mismo participó al hacer los cambios editoriales después de la primera edición.

                                                                                                           

            Royal Skousen, profesor de lingüística y del idioma inglés en la Universidad Brigham Young, ha realizado un trabajo muy extenso al examinar todas las versiones del Libro de Mormón desde el manuscrito hasta las ediciones impresas. Él indica que debido a que el manuscrito original no tenía signos de puntuación, técnicamente, todos los signos de puntuación son un cambio al original. Contando todos esos signos, dice que “hay cerca de 105,000 lugares de variación” desde la parte del manuscrito original que aún existe y en todas las ediciones.[xxv] La pregunta adecuada no es si han habido cambios o no, sino qué tipo de cambios ha habido. Los cambios en las palabras son más interesantes que los cambios en la puntuación. Los cambios en las palabras que pudieran cambiar también la interpretación son los más interesantes y hay muy pocos de esos. [xxvi]

 

            ¿Por qué debería cambiarse el texto? ¿No fue traducido perfectamente? ¿Acaso el “don y poder de Dios” no asegura una traducción perfecta? La respuesta a todas estas preguntas depende enteramente en el método preciso por medio del cual José pudo traducir usando el don y poder de Dios. Desafortunadamente, José nunca dio más detalles que eso. El proceso que usó está abierto a la especulación, pero es solamente eso, especulación. Uno puede especular que debido a que Dios inspiró la traducción debería estar sin errores. Sin embargo, esa es una presunción de lo que Dios hubiera hecho. La evidencia acerca de lo que Dios hizo sugiere que Él operó mediante Su instrumento humano—y José, Su instrumento humano—pudo haber decidido que había una mejor manera de expresar en inglés el significado de las planchas. Quizás José cometió algún error que fue corregido después. Aún los inspirados escritores del texto original cometieron errores humanos, lo suficiente para que Moroni advirtiera en el prefacio: “si hay faltas, éstas son equivocaciones de los hombres.”

 

            Aunque no conocemos cómo pudo Dios inspirar a José a traducir, podemos reunir algo de información sobre la naturaleza del proceso al ver su resultado. La lección más importante al ver lo que produjo José es que él estuvo dispuesto a cambiar palabras en el texto después de haberlas dictado. En todos los casos importantes, los cambios se hicieron bajo la supervisión de José. Como el traductor original y como profeta, estaba en posición de entender si las palabras del texto reproducían exactamente o no el significado que se esperaba del texto.

 

            Brigham Young interpretó la situación de este modo: “Si el Señor mandara a un ángel para re-escribir la Biblia, en muchas partes ésta sería muy diferente de lo que es ahora. Y me atrevería a decir que si el Libro de Mormón tuviera ahora que ser re-escrito, en muchos casos diferiría materialmente de la traducción actual.” [xxvii] Brigham creía que la traducción del Libro de Mormón fue un milagro, pero no que fuera una traducción infalible que no pudiera ser cambiada nunca. El significado es lo más importante en el Libro de Mormón, no las palabras. Esa es la razón de que tantos Santos han llegado a amar el libro en su propios idiomas natales. El significado original fue traducido al inglés, y dicho significado se sigue traduciendo a otros idiomas. Creemos que puede ser traducido porque creemos que el significado es mucho más importante que las palabras dictadas originalmente, las cuales podrían no tener una traducción exacta en otros idiomas.

 

JOSÉ SMITH, TRADUCTOR

 

            La página del título del Libro de Mormón original fue diferente de la que tenemos ahora en un concepto importante. La versión actual indica que José Smith es el traductor, esa página en la primera edición indicaba que José Smith era el autor y propietario. Ciertamente esta no era una indicación de que José fuera el autor, sino más bien un reconocimiento de la ley de derechos de autor en Nueva York. [xxviii] Esa ley brindaba protección únicamente al “autor y propietario.” Cuando ya no fue aplicable la ley, la página del título se cambió para dar la relación más exacta de José con el texto.

 

            José Smith, hijo, no escribió el Libro de Mormón. Mormón fue su principal autor y compilador. Moroni también escribió una parte. Además, hay libros que escribieron Nefi y Jacob.   La autoría fue antigua y la traducción fue moderna. Aunque no sabemos como lo tradujo José, él fue el único traductor de las planchas. Le correspondió a José darnos un texto que incluyó las palabras y el significado que Mormón, Moroni y otros quisieron que tuviéramos.

 

            Un grupo pequeño de los conocidos de José tuvo la oportunidad de fincar su fe por la presencia tangible de las planchas. Para el resto de nosotros, la presencia tangible del texto del Libro de Mormón es lo que llega a ser nuestro testimonio del llamamiento divino de José. Para muchos, la espiritualidad del texto les habla a su corazón y su mente y les declara la mano divina que nos dio el texto. Para algunos, la presencia de estilos literarios antiguos les testifica de la antigüedad del texto. Para otros, el examinar el contexto histórico que se puede distinguir en los nefitas y lamanitas les da las suficientes conexiones a un mundo real en el tiempo y el espacio que ven en el Libro de Mormón; algo desconocido. Sin embargo, nosotros como Santos nos podemos acercar y entender el Libro de Mormón, ya que permanece como la clave de nuestra religión porque ha llegado a ser el testigo tangible del llamamiento divino de José Smith; primero como traductor, y luego como el primer profeta de la Iglesia restaurada establecida por Cristo.

 

RECURSOS ADICIONALES

 

Página web de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. “Book of Mormon Translation.”  Https://www.lds.org/topics/book-of-mormon-translation?lang=spa.

 

Anderson, Richard L. “The Mature Joseph Smith and Treasure Searching.” BYU Studies 24, núm. 4 (otoño 1984): páginas 489-560.

 

Brown, Matthew B. Plates of Gold: The Book of Mormon Comes Forth. American Fork, Ut: Covenant Communications, 2003.

 

Gardner,Brant A. The Gift and Power: Translating the Book of Mormon. Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2011.

 

MacKay, Michael Hubbard, y Gerrit J. Dirkmaat. From Darkness unto Light: Joseph Smith’s Translation and Publication of the Book of Mormon. Provo Ut: Religious Studies Center; Salt Lake City: Deseret Book, 2015.

 

Skousen, Royal. “Changes in the Book of Mormon.” Interpreter: A Jounal of Mormon Scripture

11 (2014): páginas 161-176.

 

Skousen, Royal. The Book of Mormon: The Earliest Text. New Haven and London: Yale University Press, 2009.

 

ACERCA DEL AUTOR

            Brant A. Gardner obtuvo una maestría en antropología y etnohistoria meso americana en la State University of New York at Albany. Es el autor de Second Witness: Analytical and Contextual Commentary on the Book of Mormon y The Gift and Power: Translating the Book of Mormon. Ha presentado artículos en las conferencias  Fair Mormon y se han publicado en el FARMS Review del Instituto Neal A. Maxwell en la Universidad Brigham Young así como en el Intepreter: A Journal of Mormon Scripture.

 

 

 

 

 



[i]. - Mormón 9: 34.

[ii]. - Emma Smith Bidamon, en una entrevista hecha por Joseph Smith III (en el año 1879), en “Opening the Heavens: Accounts of Divine Manifestations, 1820-1844, editado por Jack Welch y Eric Carlson (Provo, UT: Brigham Young University Press; Salt Lake City: Deseret Book, 2005), página 131: “José Smith no podía escribir ni dictar una carta coherente y bien redactada, y mucho menos dictar un libro como El Libro de Mormón.”  Casi al final de su vida, Martin Harris le dijo a Simon Smith: “La educación de José Smith era tan limitada que ni siquiera podía escribir a mano una nota.” Entrevista de Martin Harris con Simon Smith el 5 de julio de 1875,” en Early Mormon Documents, editado por Dan Vogel y publicado en 5 tomos (Salt Lake City: Signature Books, 1996-2003), 2:381.

[iii]. - D y C 35:13.

[iv]. - E. A. Speiser, “Genesis: Introduction, Translation, and Notes,” en The Anchor Bible (Garden City, NY: Doubleday & Company, 1981), página 333, num. 5.

 

[v]. - Keith Thomas, Religion and the Decline of Magic (Nueva York: Charles Scribner’s Sons/ Macmillan, 1971), páginas 215 y 217.

[vi]. - D. Michael Quinn, Early Mormonism and the Magic World (Salt Lake City: Signature Books, 1987), página 38: “Hasta que el Libro de Mormón empujó al joven Smith hacia la prominencia, la vidente más notable de Palmyra era Sally Chase, quien usaba una piedra de color verdoso. William Stafford también tenía una piedra vidente, y Joshua Stafford utilizaba una piedra que parecía de mármol blanco y tenía un hoyo en el centro.”

[vii]. - José encontró la billetera perdida de un juez. Ver de Samuel D. Green, “Joseph Smith, the Mormon,” The Christian Cynosure 10, num. 12 (20 de diciembre de 1877).

Http://www.sidneyrigdon.com/dbroadhu/IL/mischig,htm#122077.

[viii]. - La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, “Book of Mormon Translation,”

https://www.lds.org/topics/book-of-mormon-translation.

[ix]. - José Smith, hijo, Book of Mormon (1830; reimpresión en Independence, MO: Herald House, 1970), página 1.

[x]. - Parley P. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, editado por Parley P. Pratt Jr., 3a, edición (Salt Lake City: Deseret Book, 1938), página 62.

[xi]. - Mosíah 28: 11-16.

[xii]. - Cornelius Van Dam, The Urim and Thummim: A Means of Revelation in Ancient Israel (Winona Lake, IN: Eisenbrauns, 1997), páginas 27-31.

[xiii]. - José Smith, hijo, Book of Commandments, 1833 (reimpresión Herald Heritage 1972), página 22. Esta es la sección IX en el Libro de los Mandamientos.

[xiv]. - José Smith, hijo, Doctrina y Convenios, 1835, página 163. Esta revelación es la sección 36 en ésta edición.

[xv]. - Mosíah 28:13.

[xvi]. - J. W. Peterson, “William Smith, en entrevista con J. W. Peterson y W. S. Pender, año 1890,” en Vogel, Early Mormon Documents, 1:508. Con respecto a la práctica de colocar la piedra en un sombrero, véase “Martin Harris Interview with Joel Tiffany, 1859,” en Vogel, Early Mormon Documents, 2:303; y “Martin Harris as interviewed by Edward Stevenson, 1886,” en Welch Opening the Heavens, páginas 136-137.

[xvii]. - Matthew B. Brown, Plates of Gold: The Book of Mormon Comes Forth (American Fork, UT: Covernant Communications, 2003), página 162.

 

[xviii]. -Truman Coe, “Truman Coe to Mr. Editor, Hudson Ohio Observer, 11 de agosto de 1836,: en Vogel, Early Mormon Documents, 1:47, ver también “Truman Coe, to Mr. Editor,” en Welch, Opening the Heavens, página 124.

[xix]. - Jan Vansina, Oral Tradition as History (Madison: University of Wisconsin Press, 1985), página 8.

[xx]. - Vansina, Oral Tradition as History, página 9.

[xxi]. - William A. Wilson dice: “Considero que el folclore es la parte no oficial de nuestra cultura. Cuando un maestro de la Escuela Dominical lee en su clase del material aprobado para la lección, les está dando lo que el Comité de Correlación llamaría al menos la religión oficial; pero cuando usa un relato de los Tres Nefitas, que su mamá le enseñó, les está dando religión no oficial. El folclore, entonces, es esa parte de nuestra cultura que se pasa en el tiempo y el espacio por el proceso de la transmisión oral (por oir y repetir) en vez de por los medios institucionalizados de aprendizaje o por los medios masivos de comunicación.” William A. Wilson, “The Paradox of Mormon Folklore,” BYU Studies 17, núm. 1 (1976): página 40.

[xxii]. - La Iglesia de Jesucristo, “Book of Mormon Translation.”

[xxiii]. - Royal Skousen, The Book of Mormon: The Earliest Text (New Haven y Londres: Yale University Press, 2009). Skousen presenta su reconstrucción de lo que pudo haber sido el texto dictado. Es un estudio basado en un exámen cuidadoso de lo que aún queda del Manuscrito Original, suplementado con la información en el Manuscrito del Impresor.

[xxiv]. - History of the Church, 4:461.  Véase la Introducción del Libro de Mormón.

[xxv]. - Royal Skousen, “Changes in the Book of Mormon,” Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 11 (2014): página 162.

[xxvi]. - Skousen sugiere que solamente hay cinco. Los comenta todos, y a los lectores interesados se les dirige a su artículo en línea para conocerlos específicamente. Skousen, “Changes in the Book of Mormon,” página 169.

[xxvii]. - Brigham Young, en Journal of Discourses, 9:311 (13 de julio de 1862).

[xxviii]. - Royal Skousen, Analysis of Textual Variants of the Book of Mormon, 6 partes, The Critical Text of the Book of Mormon Series, 4 tomos. (Provo, UT: FARMS, 2004-2009), 1:35.