Un Padre que Educa

By Mark D. Ogletree

  Un Padre que Educa

“No vas a traer de vuelta a los jóvenes errantes a menos que primero les hagas

saber que estás interesado en ellos. Hazles sentir  el toque de tu corazón.

Solo el corazón cálido puede encender el calor en otro. . . . La

mano amable o el brazo amoroso elimina la sospecha

y despierta la confianza.” [1]

Ser un padre que educa es ser un padre que se preocupa por sus hijos, que participa en sus vidas, y que promueve su desarrollo y su crecimiento. Los padres que educan deben tener una relación sana y positiva con cada uno de sus hijos. Sin tal relación, los padres tendrán poca influencia en sus hijos. [2]

El élder Robert D. Hales declaró: “En muchos sentidos, los padres terrenales representan a su Padre Celestial en el proceso de nutrir, amar, cuidar y enseñar a los hijos. Los hijos naturalmente ven a sus padres para conocer las características de su Padre Celestial. Después de que llegan a amar, respetar y tener confianza en sus padres terrenales, a menudo sin darse cuenta desarrollan los mismos sentimientos hacia su Padre Celestial.” [3] Fue Brigham Young quien amonesto a los padres a que trataran a sus familias, “como las trataría un ángel.” [4]

A medida que los padres se esfuerzan por ser como Cristo, es de esperar que deseen tratar a sus hijos de la manera en que el Salvador los trataría. Los padres que educan no solo demuestran su cariño y preocupación por sus hijos sino que también deberían tratar de reconocer las necesidades de sus hijos y procurar satisfacerlas. Los padres fuertes deben darles a sus hijos lo que necesiten al momento en que más lo necesiten. [5] Además los padres que educan continuamente se esfuerzan para participar en la vida de sus hijos. En pocas palabras, estos hombres se involucran con sus hijos. Tales hombres no tienen miedo de mostrar su afecto hacia sus hijos. David O. Mckay fue ese tipo de padre. Demostró amor, cuidado, preocupación y les mostró su afecto mientras crecían. Y aunque era un hombre muy ocupado, se involucró en sus vidas.

Sintonizado

El Presidente David O. Mckay enseñó: “Los padres no pueden, impunemente, eludir la responsabilidad de proteger a la infancia y a la juventud.” [6] Aunque David estaba fuera de casa la mayor parte del tiempo, tenía constantemente a su familia en la mente. Por ejemplo, el miércoles 31 de julio de 1907, en Denver, Colorado escribió en su diario: “Estoy preocupado al escribir esto porque siento que no todo está bien en casa. . . . Le mandé un telegrama a Ray [su esposa] pregúntandole por los hijos.” [7] Tal parece que durante sus viajes el Espíritu le hacía saber cuando sus hijos estaban enfermos o afligidos de alguna otra manera.

Gran parte del cuidado,  preocupación y deseo de proteger de David O. McKay son evidentes en las cartas que escribió a su familia mientras él estaba ausente por los asuntos de la Iglesia. Por ejemplo, poco después de ser llamado al Quórum de los Doce, le escribió a Emma Ray desde Cedar City, Utah:

Tuve un descanso agradable anoche, y me siento bien esta mañana. Sin embargo, soñé que Lawrence casi fue arrollado por un automóvil. El niño conservó la calma y pudo lograr escapar. Pareció tan real que me sentí un poco preocupado. No te quedes sola en las noches. Trae a Annie y Tom y que se queden en el cuarto chico. Me gustaría darte un beso de cumpleaños, pero debo guardarlo y dártelo con intereses cuando nos veamos. Dale besos al bebé y a Lawrence. Acepta mi amor más verdadero, y créeme.

Tu propio Dade. [8]

Por esta carta, es fácil detectar que Emma Ray y los hijos ocupaban su mente constantemente. Aquí estaba, en una asignación de asistir a una conferencia de estaca, preocupado por Lawrence y soñando sobre un posible accidente. Este sueño hizo que David le pidiera a Emma Ray que no se quedara sola por las noches.

Enfermedades, Pérdidas y Dolor

Uno de los desafíos con los que David y Emma Ray tuvieron que contender fue el de luchar con hijos enfermos. Al igual que otros padres al principio del los años 1900, los McKay tuvieron hijos que fueron golpeados con catarros, tos, neumonía, sarampión, influenza y otras enfermedades. Fue muy difícil para Emma Ray llevar la carga de atender a sus hijos enfermos y equilibrar sus muchas otras responsabilidades. Al mismo tiempo, le rompía el corazón a David el dejar a su cansada esposa y a sus hijos enfermos mientras él viajaba por el mundo como un Apóstol. La ansiedad más aguda que enfrentaba era la preocupación por su esposa y sus hijos. Por ejemplo, el viernes 2 de agosto de 1907, se sintió aliviado porque pudo regresar de una asignación en una conferencia de estaca porque los hijos estaban enfermos. Escribió en su diario que cuando regresó a casa, la bebé “estaba muy enferma, había estado así por dos semanas. Lawrence estaba mejor; Llewelyn, con achaques. . . . Pasé un día feliz con Ray y nuestros hijos.” [9]

El martes 13 de agosto, David reportó que había llegado a casa a las 6:45 de la mañana y encontró a la bebé todavía muy enferma: “Lawrence tiene un catarro severo además de la tos, Ray está muy agotada.” [10] En octubre de 1907, las enfermedades continuaban en el hogar de los McKay. David registró que el viernes 25 de octubre de 1907, su niñita había contraído neumonía [pulmonía], “y ahora estamos muy preocupados por su condición. Su fiebre es muy alta. . . . pasé una noche de ansiedad.” [11] El domingo 27 de octubre de 1907, David escribió que su hija aún estaba muy enferma pero que su salud estaba mejorando. Sin embargo, se quedó en casa todo el fin de semana siguiente ayudando a Emma Ray y a los niños. [12]

Quizás una de las experiencias más tierna y sagrada para David como padre ocurrió cuando su hijo, Royle, se enfermó gravemente. Inicialmente, parecía que el niño tenía dolor en la rodilla, acompañado de fiebre y letargo. A Royle se le diagnosticó reumatismo. Mientras tanto era la conferencia general de abril y David tenía que atender varias responsabilidades. Escribió en su diario: “Me enteré por teléfono que el niño está peor. Regresé a la casa a las 11:45 de la noche. Pobre pequeño Royle. Está sufriendo con una rodilla infectada, probablemente a causa de una caída. Los doctores no saben qué le está pasando; pero el doctor Morrell cree que ha tenido la infección desde su reciente enfermedad. El niño parece estar un poco mejor, pero su fiebre aún está alrededor de los 40 grados Celsius.” [13]

David debió regresar a la conferencia general la mañana siguiente. Escribió en su diario que estuvo en el Tabernáculo en Salt Lake City a las diez de la mañana. Tan pronto como terminó la sesión de la mañana, ocurrió lo siguiente: “Al mediodía me enteré por un telegrama que probablemente Royle tendría que ser llevado al hospital. Sentí que debía faltar a la reunión de la tarde e irme a casa para estar con mi esposa y mi niño, pero decidí quedarme hasta las cuatro de la tarde. . . . Despierto toda la noche con nuestro niño enfermo. La fiebre ha estado en 41 grados.” [14]

Al día siguiente, 7 de abril de 1912, David escribió que a las 3:30 de la mañana, Royle tuvo dos convulsiones en un período de dos horas. Posteriormente registró:

Los doctores han llegado a la conclusión de que la única esperanza es efectuar una operación, la cual es extremadamente riesgosa debido a la debilidad congénita de su corazón.

Se realizó la operación por tres doctores. . . . el doctor Morrell la supervisó. Todo tuvo éxito. El diagnóstico había sido correcto. A las 10:35 de la mañana ya había terminado y nos sentimos animados.

El niño se recuperó pronto de los efectos de la anestesia. tuvo menos fiebre y estuvo totalmente consciente todo el día, pero para en la noche, se entrecortó su respiración y la fiebre comenzó a subir.

Evidentemente tenía mucho dolor por alguna otra causa aparte de su pierna herida. Oh, ¡qué noche de sufrimiento para nuestro querido hijo! ¡Cada vez que respiraba era una agonía para él!

Los doctores lo examinaron esta mañana y descubrieron que su dolor era causado por pleuresía en ambos lados. Debido a esto, casi perdimos las esperanzas, pero más tarde, cuando el doctor Morrell nos dijo que con los análisis pudo saber qué germen había causado la infección y que tenían la antitoxina adecuada, nos animamos otra vez.

Pero Royle estaba demasiado débil, y eran muchas las complicaciones de sus enfermedades. Luchó valientemente todo el día, y tomó las medicinas que le daban a intervalos tan voluntariamente como lo haría un adulto. Como a las 9:30 de la noche, lo ungimos otra vez  papá, Thomas E. y yo. Ray se sintió muy esperanzada y para descansar un poco se acostó junto a él.

Pronto se debilitó el pulso del niño y supimos que nuestro niño nos dejaría pronto.  “Mamá” fue la última palabra de sus labios. . . . Poco antes de que llegara el fin, extendió sus manitas, y al inclinarme para acariciarlo, rodeó mi cuello y me dio la última de las más amorosas caricias que un padre haya recibido jamás de un hijo amado. Pareció que comprendía que pronto se iría y quizo decir “adiós papá,” pero su vocesita ya había sido acallada por la debilidad y el dolor. . . . La muerte se había llevado a nuestro hijo.

El fin llegó a la 1:50 de la mañana sin siquiera mover un músculo. “No está muert[o] sino que duerme” nunca fue más aplicable a ninguna alma, porque él en verdad se fue a dormir. No murió. [15]

Es desgarrador leer este relato. Los días que siguieron a la muerte de Royle fueron sombríos para el hogar de los McKay. A la familia le tomó más que un poco de tiempo para sobreponerse. En los años siguientes, frecuentemente Royle estaba en la mente de David y Emma Ray. Cada Memorial Day [día de muertos] la familia iba al cementerio en Ogden para rendir tributo a Royle. [16]

Luchando con la Nostalgia

 Uno de los viajes más difíciles para David, fue la gira mundial de los años 1920-1921. Junto con Hugh J. Cannon, su compañero de viaje, David fue de un extremo de la tierra al otro. Hubo tiempos peligrosos y, por supuesto, hubo muchas experiencias espirituales. El aspecto más difícil de toda la experiencia para David fue el estar lejos de su familia durante tanto tiempo. En este viaje, las cartas de David a Emma Ray y los hijos fueron ricas y profundas.

David O.McKay con niños tonganos. (Cortesía de Intellectual Reserve, Inc.)           

Por ejemplo, escribió:

Esta mañana siento mucha nostalgia. Esta vida monótona en el mes de junio está haciendo mella en mí. Anoche y esta mañana he estado pensando  en quienes están en casa casi continuamente. . . . Hasta puedo ver ahora a los niños jugando en el jardín, a Mamá y Lou Jean en el porche, y a Llewelyn que va rumbo a la granja Dry Hollow. El 11 de junio me lo imaginé de regreso a casa con los pies mojados   y los pantalones empapados hasta la cadera, pero contento porque atrapó cuatro peces. . . . Si yo estuviera en casa, me sentiría en un lugar mejor, pero los viajeros deben estar contentos. [17]

El 5 de mayo de 1921, después de estar ausente por cinco cortos meses (con respecto a todo el viaje), mientras iba a bordo del barco SS Tofua, le escribió a su hija Lou Jean:

Mi querida Lou Jean:

Si supieras con que ternura he escrito esta mañana “mi querida Lou Jean,” tendrías la plena seguridad de que no importa lo que te venga en la vida, tienes un padre que te ama mucho.

Si esta gira mundial no logra otra cosa, sí marcará para siempre en mi vida ¡cuanto amo a tu dulce madre y a ustedes mis hijos! Con frecuencia le he dicho a tu mamá que yo no creía que “la ausencia hace crecer el cariño,” y tampoco lo creo esta mañana. Si eso fuera verdad el mundo moriría de dolor por los seres queridos que han partido. Sin embargo, sí creo que un poco de ausencia hace aumentar el amor de uno. [18]

Mientras estaba en el mismo barco, David recibió un telegrama de Emma Ray, indicándole que todo estaba bien en la casa, y que lo extrañaba demasiado. David contestó: “Siendo que esto fue lo primero que recibí de la casa desde que salí el 26 de marzo, [19] no podrás culparme por derramar una o dos lágrimas. ¡Todos estamos bien y los corazones cariñosos todavía! ¿Qué otra cosa importa más? Después de todo, la Salud y el Amor son las mayores bendiciones de la vida. Con ellas como nuestro activo, un día estaremos sin deudas; y mientras tanto, seamos felices como las palomas arrulladoras.” [20]

Padre Amable y Querido

David O. McKay enseñó en la conferencia general: “Los hogares se hacen permanentes mediante el amor. Entonces, que abunde el amor. Si sienten que no tienen el amor de esos niños y niñas, estudien  para conseguirlo. Aunque descuiden parte del ganado, incluso, aunque no produzcan buenas cosechas, estudien para mantener el amor de sus hijos.” [21]

David amó profundamente a sus hijos y les expresó ese amor con palabras y con hechos. Por ejemplo, en un viaje de la Iglesia a Kanab, Utah; llevó con él a Lawrence. Mientras estaban allí, empeoró el clima y las inundaciones repentinas abarcaron toda el área. Al día siguiente, David le escribió a Emma: “Mi ansiedad por Lawrence fue peor que la tristeza de la noche. Pero fuimos bendecidos y protegidos. Ese día pasamos por lugares peligrosos y escapamos sin un contratiempo serio.” [22] Es muy fácil detectar los profundos sentimientos y la preocupación de David por su hijo. Tan sólo el mencionarlo debió haber sido una experiencia angustiosa para él.

 Años después, Lawrence dio mas detalles acerca de esa experiencia. Relató que tan pronto como bajaron del tren en Marysvale, fueron recibidos por Joseph Houston, el presidente de la estaca. El clima estaba amenazador. Viajaron las cincuenta millas (80 kilómteros) hasta Panguitch en un buggy [calesa] y se empaparon con el aguacero. Al día siguiente, viajaron en el buggy otras treinta millas (cuarenta y ocho kilómetros) hasta Cannonville para apartar a un nuevo obispo. David Reportó: “recuerdo que durante todo el día veía el lodo que subía y caía de las ruedas.” Eventualmente, el grupo llegó a un río que decidieron cruzar. El agua llegaba hasta las panzas de los caballos. Por un rato viajaron por el costado de la montaña, pero estaban cayendo piedras grandes. Decidieron regresar, pero para entonces, el río había crecido y el agua corría rápidamente. No había manera de cruzar; ¡estaban atrapados!

Lawrence dijo: “Pensé que era el fin del mundo y comencé a llorar. Papá me tomó en sus brazos y me abrazó durante toda la noche y me mantuvo seco. Finalmente me dormí. En la mañana, la inundación había bajado, y dos hombres llegaron a caballo cruzando lo que quedaba de ella y nos guiaron hasta Cannonville.” [23]

A David O. McKay le gustaba montar a caballo.

De esa experiencia Lawrence concluyó: “Es difícil desobedecer a un hombre que te ama y te abraza.” [24] Aquí es obvio el amor entre padre e hijo. Aquí está un buen ejemplo de un padre dispuesto a sacrificar sus propias necesidades por el cuidado y la comodidad de su hijo, y de un hijo que ama y admira a su padre porque entiende lo que su padre ha hecho por él.

Poco antes de que David Lawrence saliera para su misión a Suiza, él y su padre trabajaron en la granja en Huntsville. Lawrence paró para contemplar la granja con una última larga mirada. Su padre le dijo: “Ya estás sintiendo la soledad.” No mucho después de que Lawrence partiera para Francia, David le escribió: “Ahora que no estás aquí, Huntsville ya no tiene mucho atractivo para ninguno de nosotros [25] [David y su hijo Llewelyn]. [26]

Educación a Larga Distancia

 Siendo que David estaba ausente con mucha frecuencia, las cartas no eran simplemente una manera de contactar a sus hijos y expresarles su amor y preocupación. Las cartas también llegaron a ser el medio por el cual David fue un padre involucrado y les enseñó a sus hijos los principios cruciales que estaban en su mente. La carta siguiente es un ejemplo de esta enseñanza a larga distancia. La carta fue escrita en Saint Johns, Arizona el 9 de mayo de 1909. Observen en la carta cómo David le enseña a Lawrence principios académicos y espirituales. En esa fecha Lawrence debió haber tenido ocho años de edad..

Mi querido Lawrence:

Cuando llegué a Saint Johns el jueves pasado, encontré una dulce carta escrita por tu mamá y otra carta tuya, escrita tan cuidadosa y correctamente que me dio gusto enseñársela al Presidente Hart y a otros. Me da gusto saber que tuviste muy buenas calificaciones. Espero que siempre tengas buenas calificaciones en todo lo que hagas, pero especialmente al obedecer a tu mamá.

Cuando estábamos llegando a Saint Johns, vimos un sapo con cuernos. ¿Has visto alguna vez la fotografía de uno?

Pídele a tu mamá que te enseñe un mapa de los Estados Unidos y trata de localizar a Saint Johns.

Aquí no ha llovido durante varios meses, y no esperan lluvia sino hasta el 15 de julio. Todo está muy seco, excepto en los pueblos donde llega una poca de agua de los arroyos. La gente acarrea el agua en barriles y en tanques. Están construyendo represas para poder guardar toda el agua. Cuando las hayan terminado tendrán bastante agua y este será un buen lugar.

Les estoy mandando a tí y a Llewelyn cinco centavos a cada uno. Por favor compartan con Lou Jean y con mamá una parte de lo que compren con el dinero, y dile a Lou Jean que papá le ha comprado a ella algo muy bonito. Se lo compré a un indio.

Hay muchos indios y mexicanos en Arizona.

Dale besos de mi parte a mamá, a Lou Jean y a Morgan y al Abuelo y que no se te olvide darle también a Josephine.

Con amor y siempre los mejores deseos para mi niño, siempre soy

Tu padre amoroso

David O. Mckay [27

Años después, pero todavía con la misma sensibilidad, David O. McKay aparentemente trató el tema de una novia que Lawrence debió haber tenido mientras servía como misionero. Le escribió a su hijo la carta siguiente:

Una referencia en tu carta enfatiza el hecho de que estás en una edad muy impresionable. Menciono el hecho simplemente para recordarte que los afectos de un joven son muy parecidos a un potro que está siendo domado; todo está bien mientras el domador sostenga bien las riendas y lo pueda mantener en el camino. Se tambalea mucho, pero mientras siga hacia adelante, no hay necesidad de preocuparse. Más de una muchacha bonita hará que tu corazón se acelere; pero mantén el ojo de tu mente en tu camino misional.

Tienes varios hermanos y hermanas dulces, y una mamá ideal, y todos están orgullosos de su hermano e hijo misionero. Creo que tal familia hace que la vida valga la pena. ¡El éxito de la paternidad se puede medir correctamente por la nobleza de sus hijos y sus hijas! . . . .

Por favor dínos cuanto dinero necesitarás cada mes, Una buena manera de saberlo es llevar un registro exacto de tus gastos diarios. Ésta es una capacitación tan buena como lo es llevar un diario. [28]

Las cartas de David O. McKay a sus hijos revelan que era un maestro consumado. Con frecuencia halló las maneras de tratar los temas delicados con sus hijos, su enfoque siempre fue con preocupación, amor y amabilidad. En la carta anterior, vemos su versatilidad para atender los temas de las relaciones hombre-mujer y de la contabilidad básica. Por estar fuera de casa durante tanto tiempo, David aprendió a enseñar e influenciar a sus hijos por medio de las cartas.

Un Padre Para Todos

Una buena medida del progreso espiritual de un padre es el cuidado y la preocupación por quienes están a su alrededor. Un padre de éxito no solamente se preocupa por sus propios hijos, sino que le preocupa el bienestar de todos los niños. A fin de ilustrar este punto, Edward, el hijo del Presidente David O. McKay compartió la siguiente experiencia. Dijo que el automóvil del Presidente McKay había sido robado:

La policía aprehendió al ladrón, y resultó que era un jovencito de doce o trece años de edad. Le preguntaron al Presidente McKay si quería que procesaran al muchacho; y les contestó: “No, yo me encargo de él.” Entonces entrevistó al muchacho y le preguntó el porqué había robado el auto. El muchacho contestó que solamente quería tratar de conducir un automóvil. El Presidente McKay le dijo que fuera a su casa y él le permitiría manejar su auto. El muchacho fue a la casa del Presidente Mckay una vez a la semana durante mucho tiempo. Posteriormente, el joven llegó a ser un oficial de la policía a fin de poder ayudar a otros como David O. Mckay le había ayudado a él. [29]

El cuidado y la preocupación de David O. McKay bendijeron la vida de muchos niños, y no solamente a los suyos. Muchas vidas cambiaron y mejoraron debido a la forma cariñosa en que atendía los asuntos dentro y fuera de su familia. Por ejemplo, en lugar de que este jovencito creciera rompiendo continuamente la ley, decidió adoptarla como carrera. Es más, cuando los padres cuidan a su simiente, casi siempre ese amor es correspondido. [30] David O. Mckay es un ejemplo para los padres modernos sobre como demostrar cuidado y preocupación. Otro profeta, Joseph F. Smith, enseñó a los padres la manera de mostrarles a sus hijos el amor semejante al de Cristo. Dijo:

Padres, si queréis que vuestros hijos sean instruídos en los principios del evangelio, si queréis que amen la verdad y la entiendan, si deseáis que os obedezcan y se unan a vosotros, ¡amadlos!; mostradles que los amáis con toda palabra o acto relacionado con ellos. . . . cuando les habléis, no lo hagáis con ira; no lo hagáis ásperamente con un espíritu condenador. Habladles con bondad, sometedlos y llorad con ellos si es necesario, y de ser posible, procurad que viertan lágrimas con vosotros. Suavizad sus corazones; procurad que se enternezcan hacia vosotros. No empleéis el látigo ni la violencia. . . . razonad; tratadles con la razón, con la persuasión y con amor no fingido. Si no podéis conquistar a vuestros hijos e hijas por estos medios. . . .no habrá manera en el mundo con que podáis conquistarlos. Pero procurad que sientan lo que vosotros sentís, que tengan interés en las cosas en las que vosotros estáis interesados, que amen el evangelio como vosotros lo amáis, que se amen el uno al otro como vosotros los amáis y que amen a sus padres como éstos aman a sus hijos. No hay otra manera de hacerlo; no se puede lograr por la aspereza, ni tampoco por la fuerza; nuestros hijos son como nosotros; no se nos pudo acarrear; no lo permitimos ahora. . . . No podéis forzar a vuestros hijos a que entren en el cielo. Tal vez podríais impulsarlos al infierno empleando métodos ásperos en vuestros esfuerzos por hacerlos buenos, cuando vosotros mismos no sois tan buenos como debíais ser. . . . No podemos corregir a nuestros hijos sino por el amor, con bondad, por amor no fingido, por la persuasión y la razón. [31]

David O. Mckay creyó en las doctrinas que enseño Joseph F. Smith. Usó esas enseñanzas para modelar su vida, y sus hijos las han heredado a la siguiente generación. Fue un hombre que se conectó con sus hijos por hacer esto con ellos; les demostró su amor verbal y físicamente y no hubo duda en la mente de sus hijos de que él los amaba. Cuando corrigió o disciplinó a sus hijos siempre prevaleció el amor. Les enseñó a sus hijos el evangelio de Jesucristo con palabras y con hechos y, quizás lo más importante, logró todo estas cosas con una esposa fiel y leal a su lado. Emma Ray le ayudó a David a atemperar sus pasiones y a valorar las relaciones más que cualquier otra cosa.

Notas


[1].- David O. McKay, Gospel Ideals, página 404.

[2].- El Presidente Ezra Taft Benson enseñó: “Estoy convencido de que antes de que un niño pueda ser influenciado para bien por sus padres, debe haber una demostración de respeto y amor.” Ezra Taft Benson en Conference Report, abril de 1981, página 46.

[3].- Robert D. Hales, “How Will Our Children Remember Us?” Ensign, noviembre de 1993, páginas 8-9.

[4].- Brigham Young, Discourses of Brigham Young, compilados por John A. Widtsoe (Salt Lake City: Deseret Book, 1954), páginas 197-198.

[5].- David C. Dollahite, Alan J. Hawlins y Sean E. Brotherson, “Narrative Accounts, Generative Fathering, and Family Life Education,” Marriage and Family Review, 24 núms. 3-4, (1996).

[6].- David O. McKay, en Conference Report, abril de 1935, páginas 112-113.

[7].- Los Diarios de David O. McKay, de abril de 1906 a junio de 1907. MS 668, caja 4, folder 2, en la Biblioteca Marriott, página 35.

[8].- De David O. McKay a Emma Ray Riggs, el 23 de junio de 1906; Los Documentos Familiares de David O. McKay, 1897-1954, MS 21606, caja 1, folder 1, en la Biblioteca de Historia de la Iglesia; en adelante se mostrará como CHL.

[9].- Los Diarios de David O. McKay, de abril de 1906 a junio de 1907. MS 668, caja 4, folder 2, en la Biblioteca Marriott, página 36.

[10].- Ibid., página 43.

[11].- Ibid.

[12].- Ibid.

[13].- Los Diarios de David O. McKay, de febrero a diciembre de 1912, MS 668, caja 5, folder, 2, en la Biblioteca Marriott.

[14].- Ibid.

[15].- Ibid.

[16].- El 30 de mayo de 1932, David anotó en su diario que “Mamá Ray, Ned, Bobby y yo visitamos el cementerio en Salt Lake City y pusimos flores en las tumbas de la abuela Riggs y de otros. . . . Nos detuvimos en la tumba de Royle en el cementerio de Ogden, y luego seguimos rumbo a Huntsville.” Esto fue veinte años después de la muerte de Royle. Ver Los Diarios de David O. McKay, enero a noviembre de 1932, MS 668, caja 7, folder 11, en la Biblioteca Marriott.

[17].- Llewelyn McKay, Home Memories of President David O. McKay, página 75.

[18].- De David O, McKay para Lou Jean McKay, el 5 de mayo de 1921. Los Documentos de David O. McKay, MS 668, caja 1, folder 5, en la Biblioteca Marriott.

[19].- Había estado ausente desde principios de diciembre de 1920.

[20].- De David O. McKay para Emma Ray McKay, el 4 de julio de 1921, Los Documentos de David O. McKay, MS 668, caja 1, folder 5, en la Biblioteca Marriott.

[21].- David O. McKay, en Conference Report, octubre de 1917, página 58.

[22].- De David O. McKay para Ray Riggs, 4 de septiembre de 1909, Los Documentos Familiares de David O. McKay, 1897-1954, MS 21606, caja 1, folder 1, en la CHL.

[23].- Entrevista hecha por Gordon Irving y James Moyle a David Lawrence McKay, Oral History Program, Salt Lake City, enero a mayo de 1984, páginas 22-23.

[24].- John Stewart, Remembering the McKays, página 30.

[25].- Parece ser que una vez que Lawrence llegó al campo misional, su familia no tuvo noticias de él durante algún tiempo. Uno sólo puede especular cual de los padres estaba más preocupado. La carta dice así: “Mi querido hijo David L.: Nos hemos preguntado casi durante cada minuto que hemos estado despiertos desde que partiste, cómo te fue en tu viaje. . . . Emma Ray fue la primera de la familia en escribirte una carta. La encontrarás adjunta aquí. El amor que ella expresa sale de su querido corazoncito; y ese es el amor, mi querido hijo, que todos nosotros te tenemos. Estamos orgullosos de tu masculinidad, y estamos agradecidos por tus altos ideales y sentido del honor. Confiamos por completo en tí, y estamos seguros que harás lo mejor para mostrar que eres digno del Sacerdocio y de magnificar cualquier llamamiento que recibas como verdadero siervo del Señor. ¡Qué sean tuyas las más selectas bendiciones del cielo durante toda la misión!” McKay, My Father, David O. Mckay, páginas 109-110.

[26].- De David O. McKay para David L. Mckay el 29 de octubre de 1920; Los Documentos Familiares de David O. McKay, MS 668, caja 2, folder 1, en la Biblioteca Marriott.

[27].- De David O. Mckay para David L. McKay, el 22 de mayo de 1909. Los Documentos Familiares de David O. McKay, 1897-1954. MS 21606, caja 1, folder 1 en la CHL.

[28].- De David O. McKay para David L. McKay el 29 de octubre de 1920, Los Documentos de David O. McKay, MS 668, caja 2, folder 1, en la Biblioteca Marriott.

[29].- Edward McKay, en una entrevista hecha por Mary Jane Woodger, el 30 de junio de 1995.

[30].- David tuvo un accidente de automóvil muy serio en el Cañon de Ogden cuando era miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Alguien había puesto una cuerda a lo ancho de la carretera para que los conductores no cruzaran el puente porque el río estaba muy peligroso. David no pudo ver la cuerda sino hasta que fue demasiado tarde. La cuerda rompió la ventanilla del automóvil y atrapó a David debajo de la barbilla, le cortó el labio, le hirió la cara, le tumbó los dientes y le quebró la mandíbula. El domingo, Emma Ray reunió a Lawrence, a Llewelyn y Lou Jean para terminar el ayuno a favor de su padre y para que desayunaran antes de ir a la Iglesia. Llewelyn, que tenía diez  años, no quiso nada de comer. En vez de eso corrió al hospital para ver a su padre. Antes de entrar recogió unas flores de campanillas para él. Le preguntó a la enfermera si él podría ver a su padre. La enfermera llevó a Llewelyn al cuarto del hospital y el niño puso las flores en la mano de David. La enfermera y Llewelyn estaban llorando. Ver la entrevista hecha por Mary Jane Woodger, a Lou Jean McKay Blood, el 8 de agosto de 1995.

[31].- Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1978), páginas 310-311.